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Corriendo con Rob MacCachran, la estrella de las carreras todoterreno

El Michael Jordan de las carreras off-road

El Michael Jordan de las carreras off-road

Cuando hablamos de practicar el todoterreno, hay diferentes formas de divertirnos. La primera – y la más común – es hacerlo por recreación o diversión. No hay duda que disfrutar de la naturaleza mientras practicamos el todoterreno es una de las mejores formas de gozar el vehículo que estemos conduciendo. Por el otro lado, las carreras todoterreno destacan el lado de la adrenalina y el furor. Y en este lado hay una persona que ha dominado desde hace varios años este nicho: Rob MacCachren.

A primera instancia, MacCachren puede parecer un tipo común y corriente. Recargándose sobre una de sus camionetas, con sus manos escondidas en los bolsillos, escucha hablar a representantes de BFGoodrich – uno de sus patrocinadores principales – sobre las más de 200 carreras que ha ganado en el desierto. “Él es el Michael Jordan de las carreras todoterreno”, agrega un miembro de su equipo en una pequeña reunión con periodistas en el desierto de Nevada – aproximadamente 45 minutos fuera de Las Vegas. MacCachren solo muestra una media sonrisa – hasta que tiene la palabra.

Dando un giro de 180 grados, MacCachren abre su lenguaje corporal para hablar sobre la adrenalina que siente. Emocionado, nos explica que correremos parte de la ruta que utilizan todos los años para la carrera Mint 400, una de las competencias más difíciles y peligrosas del todoterreno. “Cuando estén conduciendo por estas partes, piensen que durante la carrera vamos a 100, 120 o 140 mph”, dice MacCachren tranquilo.

Minutos después nos dividimos en grupos para recorrer la ruta. La primera ronda me toca ir a bordo de un Polaris RZR, un vehículo abierto de cuatro ruedas con capacidad para dos pasajeros. Está equipado con los neumáticos BFGoodrich Mud-Terrain T/A KM3 que recién fueron desvelados para vehículos como éste, y son los mismos neumáticos que lleva la camioneta Prerun de MacCachren. El propio MacCachren trabajó en el desarrollo del neumático para asegurarse de que tuviera la mejor tracción disponible.

Un chico del personal de MacCachren me indica que él conducirá primero debido a que la primera parte de la ruta es la más difícil. Tras conducir sobre unos vados, en los que los amortiguadores del RZR nos protegen la espalda de golpes fuertes, el camino se torna en una interminable recta con parches de asfalto. “¿Ves ese asfalto?” me dice a través de nuestro radio de comunicación incrustado en el casco, “¡Este era Las Vegas Boulevard hace años!”. Poco después llega mi turno de conducir.

Tras sujetarme bien el arnés de seguridad y poner el RZR en Drive, mi ahora copiloto me pide que siga a la camioneta de Rob, que va dejando una enorme cola de polvo que por fortuna el viento la sopla hacia el este. El pequeño sendero por el que corro es estrecho y está bordeado de pequeños arbustos que sobreviven al calor del desierto. Andamos a velocidades superiores a las 40 mph y el manejo es suave y controlado.

Las cosas cambian al llegar a un lago seco; piso fondo y veo cómo el RZR supera las 80 mph en el odómetro. Mi cabeza se empieza a ajetrear de un lado al otro a medida que el viento golpea mi casco. Cruzamos el lago y llegamos a unas barrancas en donde el terreno se vuelve más técnico. Las curvas y los agujeros sobre los que pasamos sacuden la cabina del RZR, pero los neumáticos siguen intactos. Aunque no condujimos sobre piedras filosas, sí pasamos por estrechos donde había vidrios rotos y varios vados que podrían haber reventado cualquier otro neumático que no estuviera diseñado para este tipo de terreno.

Minutos después estaba sentado en el asiento del copiloto de la camioneta de MacCachren. Con el arnés de seguridad ajustado, nuestro piloto pisa el acelerador a fondo para hacer que nuestras espaldas se recarguen firmemente contra el respaldo. Lo que hace unos minutos se sentían como baches y vados ahora se palpaban como un terreno liso. La velocidad a la que íbamos y los excelentes amortiguadores de la camioneta hacen que se sintiéramos como si voláramos sobre estos desperfectos. Aunque antes circulamos por estas partes a menos de 30 mph, MacCachren prefiere tomar velocidad y volar. En el velocímetro alcanzo a leer las 60 mph, y su camioneta no sufre ningún tropiezo mientras cabalgamos a pasos apresurados.

Cuando llegamos al mismo lago seco en donde conduje el RZR a 80 mph, la camioneta de MacCachren logró llegar a las 107 mph. Era evidente la fuerza del piloto en las manos controlando el volante, tratando de mantenerlo lo más recto posible, siguiendo las marcas de unos neumáticos sobre el arenoso terreno. Sin embargo, de vez en cuando apuntaba al velocímetro para que nos diéramos cuenta de la velocidad a la que íbamos.

Lo que era impresionante, es que por vados o terreno liso, los neumáticos BFGoodrich Mud-Terrain T/A KM3 soportaban todos los ajetreos del terreno y la camioneta. Y las partes de la Mint 400 por las que circulamos es de las secciones más fáciles de la ruta. Faltó probar el terreno rocoso y el terreno más difícil de este tipo que se encuentra en Baja California.

Este año MacCachren se coronó como el campeón de la Baja 500 en su clase. Y tras meses de preparación, está listo para volver a ganar la Baja 1000 este fin de semana.