Pruebas

Chevrolet Camaro 2016: Primer Manejo

Más de mil millas a bordo del Camaro.

Más de mil millas a bordo del Camaro.

Las cheeseburgers y los hot dogs pueden ser igual de americanos que hacer un viaje por carretera por los 48 estados contiguos de la Unión Americana en un Camaro. Para festejar el lanzamiento del Camaro 2016, Chevrolet nos invitó a participar en esta histórica prueba de manejo, donde nosotros manejamos de Raleigh, Carolina del Norte a Orlando, Florida. Para hacerlo aún más divertido, Chevrolet nos dio la oportunidad de tomar la ruta que nosotros quisiéramos, únicamente teníamos que llegar un par de horas antes a un punto en Orlando para abordar nuestro avión de regreso a casa. Teníamos 36 horas con el Camaro y podíamos visitar los lugares que quisiéramos, recorrer carreteras escénicas, sinuosas y divertidas. En representación de este exitoso medio, su servidor se tomó el tiempo antes de llegar a Raleigh para ver qué carreteras eran las adecuadas para manejar a esta sexta generación del Camaro. El plan salió conforme a lo planeado, incluso más divertido de lo esperado.

La mañana comenzó con una breve presentación sobre el Chevrolet Camaro 2016. Una vez que los representantes de Chevrolet nos recetaron las reglas (no llevar al Camaro a una pista porque no había tiempo de cambiar los neumáticos y no salir del país), fue momento de que mi mano derecha se convirtiera en el ojo del escenario. Debía de sacar la llave del Camaro que me acompañaría durante esta travesía. El modelo que más quería (por obvias razones) era el Chevrolet Camaro SS 2016 con su motor 6.2 litros V-8 que produce 455 caballos de fuerza y 455 libras-pie de torque acoplado a una transmisión manual de seis velocidades. Mi mano no tuvo toda la suerte del mundo esa mañana y eligió el Camaro RS 2016 color amarillo con el motor 3.6 litros V-6 que produce 335 caballos de fuerza y 284 libras-pie de torque, acoplado a una transmisión manual de seis velocidades. Era mi segunda opción. Los suertudos periodistas que sacaron el motor V-8 por supuesto que no querían cambiar. Fue así como comencé esta aventura, donde recorrería cuatro estados de Estados Unidos a bordo del nuevo Chevy Camaro 2016.

La húmeda mañana de Raleigh hizo que el parabrisas amaneciera empañado. Me dirigí hacia la carretera interestatal 40 con dirección al oeste, hacia un pequeño pueblo llamado Linn Cove, ubicado en las faldas de las montañas Appalachian. El tiempo estimado de 3 horas y 30 minutos se convirtió en casi 4 horas debido a un accidente a las afueras de Raleigh. Entre más cerca estaba de las montañas, el color del otoño contrastaba más con el Camaro Bright Yellow. Unos minutos antes de llegar a Linn Cove, vi una señal que apuntaba hacia el Blue Ridge Parkway, una carretera sinuosa y escénica que, según los reviews que leí, era de las mejores de Estados Unidos. La pequeña calle que me llevaría al punto indicado me recordó lo conservador que son los carolinos norteños. Una granja abandonada tenía una pintura que decía “Jesus Saves”. Linn Cove estaba ubicado justo en esta carretera de dos carriles que sus vistas me dejaron boquiabierto cuando recién había llegado. Después de pararme por segunda vez para tomarle fotos al Camaro, había perdido la cuenta de cuántos puntos habían para que uno se detuviera a observar el paraíso.

Es impresionante la tecnología con la que contaba el Camaro. En un mundo donde todos quieren estar siempre conectados, Chevrolet puso una conexión Wi-Fi a la que conecté mi iPhone. Apple CarPlay, que está integrado al sistema de información y entretenimiento Chevrolet MyLink, me daba la facilidad de ver las aplicaciones de mi teléfono móvil sin distraerme del camino. Mi playlist de más de mil canciones fue mi acompañante durante toda esta aventura, y el sistema de sonido Bose tocaba mis canciones favoritas de manera nítida. Los asientos de piel con calefacción y aire acondicionado hicieron que me mantuviera cómodo durante el camino, y la forma tan sencilla que tenía el panel central hizo que pusiera toda mi atención en el camino.

Una parada en un lago atrajo al primer aficionado. Un señor de unos 40 años se me acercó cuando le estaba tomando una foto al Camaro. “¿Le puedo tomar una yo también?”, me preguntó. “¡Claro!”, respondí. Sus ojos no podían creer que un Camaro estuviera rodando por un extraño lugar como en el que estábamos. Unos minutos de conversación terminaron con un apretón de manos y cada quien siguió en su camino.

Conforme avanzaba hacia Asheville, Carolina del Norte, la lluvia y la neblina comenzaban a ser más fuertes. Las curvas del Blue Ridge Parkway hicieron que el Camaro disfrutara del manejo. El fuerte rugido del motor hacía que la adrenalina corriera más por mis venas. Arrancar en primera emitía un fuerte sonido desde el escape que también atraía las miradas de los paseantes. El cambio a segunda todavía me ponía los pelos de punta, y en tercera el sonido poco a poco se subía, hasta que cambiaba a cuarta y el rugido del león que llevaba dentro el Camaro desaparecía. Para un mejor desempeño, manejé entre tercera y cuarta durante las curvas. El límite de velocidad de 45 mph me pasó desapercibido y el Camaro simplemente hacía su trabajo. Había curvas más cerradas que otras y el agarre que tenía el Camaro era igual de bien. La carrocería bien ajustada al chasis hacia que no se sintiera body roll, esa sensación de que el auto se inclina mucho sobre las curvas.

Poco antes de llegar a Asheville unos paseantes se tomaron muy enserio el límite de velocidad y condujeron algunas veces por debajo de las 35 mph. Esto fue suficiente para que yo tomara una salida distinta. El mapa de Apple mostraba a través de la pantalla de siete pulgadas del Camaro una salida a pocas millas de mi ubicación. Elk Mountain Scenic Highway se convirtió en el camino perfecto para manejar un Camaro. Esta carretera, mucho más sinuosa y angosta, estaba cubierta de agua y hojas del otoño que pasarían el resto de sus vidas en el suelo. Las pendientes, las curvas y el pavimento mojado hicieron que el Camaro se volviera más divertido. Apenas pisaba el acelerador para salir de la primera curva y las ruedas traseras perdieron el control para que el muscle car se coleara de forma no muy agresiva, pero sí divertida. El testigo de la tracción se iluminaba fuertemente en el tablero. En la siguiente curva reduje la velocidad; no se iluminó el testigo y no perdí tracción. Para la tercera curva el Camaro ya contaba con toda mi confianza y adrenalina, así que volví a pisar el acelerador igual que en la primera curva y éste drifteó durante la casi toda la curva. Nunca vi pasar ningún auto en dirección contraria. Sabía que si me iba al barranco el juego se acabaría, “pero si no hay juego, no hay diversión”, pensé. Al final me terminé sintiendo como un profesional del drifting.

Llegué entusiasmado a Asheville, y mi primera parada fue en el Biltmore House, una mansión que parece castillo francés. Construida por la familia Vanderbilt, una de las más ricas de los Estados Unidos a finales de 1800, la Biltmore House fue el escenario perfecto para una sesión de fotos con el Camaro. La casa está en un lote de 8,000 acres que también incluye jardines, viñedos y un hotel. La casa se ubica en los pies de las montañas Appalachian y los árboles dorados reflejaban el claro color de otoño.

Ya había recorrido más de 300 millas y el Camaro estaba perfecto. Una parada en un restaurante de barbecue fue el lugar perfecto para rellenar mi estómago, mientras que al Camaro le tocó su primera parada en una gasolinera para también rellenar su estómago. Me dirigía a Atlanta, Georgia pero primero cruzaríamos una parte de Carolina del Sur. La noche comenzó a caer y el color dorado de otoño fue desapareciendo conforme caía la noche. Al amanecer ya se habría perdido.

Llegamos a Atlanta sanos y salvos. A través de OnStar, un servicio de ayuda en el camino de Chevrolet, reservé el hotel donde pasaría la noche en Atlanta. Una amable señorita del otro lado del teléfono mandó las direcciones paso a paso de cómo llegar al hotel, mismas que fueron seguidas perfectamente por este servidor. Los faros de LED iluminaban muy bien el camino, y a pesar de que ya llevaba alrededor de nueve horas en la carretera, mi cuerpo no se sentía cansado.

Al día siguiente, en punto de las 5:30 de la mañana, el despertador me levantó para seguir con la ruta que tendría como final la ciudad de Orlando. El amanecer en Atlanta no comenzaba sino hasta las 8 de la mañana, y yo me preguntaba cómo los niños podrían levantarse, desayunar y llegar a la escuela cuando todavía era de noche. Evité el tráfico de Atlanta y tomé camino hacia Macon, Georgia. Una ruta por una carretera secundaria me llevó por un rumbo donde los terrenos se vendían por hectárea. Las casas sobre estos terrenos me recordaba que estaba en el sur, gracias a que contaban con un porche para tomar el café en las mañanas y el té frío en las tardes. Entrando a Macon, un camionero no podía creer lo que estaba viendo: un Camaro amarillo de sexta generación. Tocó la bocina y voltee. “¿Es ese el 2016?”, me preguntó sorprendido. “Así es. Y es muy divertido”, contesté. Me imagino que el último lugar donde él pensaría ver por primera vez al nuevo Camaro sería ahí, en Macon.

El resto del camino estuvo más aburrido. Atrás quedaron las carreteras sinuosas y las montañas Appalachian y conforme nos dirigíamos a Florida el terreno pasó de ser montañoso a totalmente plano. Una parada más de gasolina me recordó que estábamos cerca de Florida, con un aire húmedo y un clima que superaban los 85 grados. La carretera interestatal 95 estaba invadida de policías con sus radares para detectar la velocidad. Ahora sí, había que respetar el límite de velocidad para evitar una multa. El head-up display me ayudaba a leer el velocímetro sin la necesidad de mover mi vista del camino.

Casi estaba en Orlando cuando me topé con una parte de la carretera en construcción. Circulábamos muy por debajo del límite de velocidad, pero el ruido del escape deleitaba mis oídos. “Si así suena el V-6, ¿cómo sonará el V-8?”, pensé.

Unas millas más adelante, mi amiga Siri me recordaba que debía de tomar la salida que marcaba al aeropuerto de Orlando, nuestro destino final.

Después de 1,047 millas recorridas, mi conclusión es que éste es el mejor Camaro que Chevrolet ha construido. Su agarre, tecnología, comodidad, desempeño y rendimiento de combustible hicieron muy disfrutable al Camaro. Gracias a la tecnología de desactivación de cilindros, tuvimos un ahorro de combustible de 25.0 mpg en terreno combinado, nada mal para un motor V-6. Su plataforma Alpha le da una mejor sensación de manejo, además de que Chevrolet usó diferentes tecnologías para ahorrar peso. Este Camaro es 294 libras más ligero que su predecesor, lo que significa que el motor carga con 10.3 libras por caballo de fuerza, en lugar de las 11.5 libras de la generación anterior. Hay una mejora por dentro, por fuera y por abajo del nuevo Chevrolet Camaro 2016. Sin duda es un gran auto.