- Automovil de Lujo
Prueba Carretera: Ferrari F430 Spider 2006 vs. Lamborghini Gallardo Spyder 2006
El firme Gallardo es chico —más corto que un 911—, y hace que el F430 parezca sorprendentemente grande y gordo en comparación. Imagine a Kate Moss de pie junto a J-Lo con resaca y se dará una idea. Evolucionario, más que revolucionario, el F430 Spider no es el más bello de los Ferrari con sus curvas generosas interrumpidas por líneas aleatorioas que no llevan a ninguna parte y separaciones entre paneles que son visibles desde Marte.
Quitar el toldo al F430 le da una apariencia de joroba ligera, y acentúa las caderas sobre las ruedas traseras —pero no de forma agradable—. Y el intento de reencarnación de la famosa nariz de tiburón de los Ferrari Grand Prix de la década de 1960 hace que la parte delantera se vea extrañamente anónima. Pero la vista del V-8 montado al centro bajo un panel de cristal atrás de la cabina (aun si abre la cubierta del motor de fibra de carbono, el V-10 del Gallardo yace oculto bajo la charola en la cual se almacena la capota suave) demuestra que Ferrari no ha olvidado del todo el negocio de los superautos.
En el interior, al menos, el F430 es totalmente profesional. El panel de instrumentos queda dominado por un tacómetro gigante, y el volante lleva un enorme botón de encendido y una versión civilizada del manettino que Michael Schumacher utiliza para hacer los ajustes de su auto de carreras. Sí, hay piel sobre los asientos (en nuestro auto de pruebas tuvimos los opcionales de fibra de carbono) y otras superficies. Además hay aire acondicionado, sistema de audio, e incluso un rudimentario sistema de navegación. Pero le da a uno la sensación de que Ferrari puso esas cosas ahí porque es lo que se esperaría de un auto de US$200,000.
La cabina del Gallardo es como el de una limusina en comparación, y no sólo debido a todos los agradables instrumentos, interruptores y demás hadrware de la cabina tomado del depósito de piezas de Audi, incluyendo el versátil sistema MMI. La piel cosida impecablemente, la abundancia de fibra de carbono brillante y los detalles soberbios hacen que el interior del Gallardo sea un sitio lujoso, aunque las compactas dimesiones exteriores del auto se traducen en un espacio mucho más apretado que en el Ferrari, especialmente si uno mide más de 1.90 m. Y aunque Lamborghini sea propiedad de VW Group ahora, la luz de la cabina Audi que se desprendía una y otra vez de su lugar demuestra que los alemanes no han subyugado por completo a la fuerza de trabajo de Sant'Agata.




