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Camioneta Del Año 2006 - Ganador: 2006 Honda RidgelineLa camioneta toma dos. No se equivoque: La Honda Ridgeline es una camioneta para gente pensante.
Usted pensaría que el voto unánime por la Honda Ridgeline sería una conclusión sorprendente para nuestro concurso de la Camioneta del Año 2006. La verdad es que, tras dos largos días de pasar sobre toscas uniones en el pavimento de la autopista, corriendo por una difícil pista de manejo y lanzarnos por pedregosos caminos todoterreno, la decisión no podía ser más simple. Lo cual hace que la desconfianza del mercado de las camionetas hacia esta notable máquina sea aún más intrigante.
Apostaríamos a que más de unos cuantos clientes potenciales han quedado helados ante la angulosa carrocería de la Ridgeline y su perfíl de caja inclinada. Lo podemos entender. Otros alegan su precio premium, que abarca cualquier cosa entre US$28,250 y US$35,190, como en el caso de nuestra RTL superequipada, con sunroof y navegación (el precio promedio es de unos US$32,000). Pero es difícil medir el valor de la Ridgeline sin una referencia de comparación y, de momento, la Honda es única en su clase. Comparada con algunos de los participantes de este año, el precio de la Ridgeline no parece en realidad excesivo. Por la misma cantidad escrita en el cheque, podría comprar, digamos, una Ford F-150 4x4 V-8 —y, a decir verdad, con mucho más hardware del que lleva la Honda con motor V-6.
Entonces, ¿cómo es que la Ridgeline conquistó a los jueces? Porque, detrás del volante, la Ridgeline es toda una revelación que desafía cualquier intento de calcularla en dólares y centavos. Es ágil; sólo necesita 8.5 para llegar de o a 100 km/h (igualando, por cierto, el tiempo de nuestra ganadora de 2004, la Ford F-150 V-8). Pero, de una manera más sutil, da la sensación de haber sido polinizada por su prima BAR Honda Fórmula 1 (lo que ocurre en el centro de investigación y desarrollo de Honda en Tochigi no se sabe fuera de ahí). “El manejo de la Ridgeline no me pareció demasiado impresionante hasta que vi el velocímetro”, dijo un editor. “El hecho es que iba de manera confiada a una velocidad mucho mayor que en las otras camionetas, pero me parecía como si fuera un paseo dominical”.
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Aunque la dirección de la Ridgeline es inusualmente viva, la respuesta inmediata de sus frenos son algo sobrenatural para ser una camioneta. En la pista de conos, la primera vuelta de cada piloto estuvo invariablemente (y curiosamente) sazonada con divertidas paradas prematuras varios me-tros antes de lo necesario. Los frenos son tal vez un poco excesivos para tomar curvas rápidas con gracia, pero en el tránsito diario, son un regalo del cielo que le permite conservar distancias como si fuera en un auto. No hay necesidad de dejar espacio de más como en las pickup convencionales.



