- Cupé/Convertible
Comparación: BMW Z4 3.0si 2006 vs. Nissan 350Z Roadster 2006 vs. Pontiac Solstice GXP 2007Por Las Estrellas: ¿Es Este El Verano Del Solstice?
“Vaya. ¡Es un largo camino!” Estábamos viendo Google Earth, considerando los kilómetros que necesitaríamos conducir de la pista Willow Springs Raceway a Legoland y luego al enorme telescopio Hale en Mount Palomar. Nos parecieron que eran unos 370.
Claro, se preguntará qué tienen que ver Legoland y un observatorio gigante con el actualizado Z4 3.0si de BMW, el venerable Nissan 350Z Roadster, y el nuevo Pontiac Solstice GXP en primer lugar.
Son símbolos. Recordatorios de que un buen deportivo necesita tres ingredientes para tener éxito: velocidad, una conexión con el cielo propia de un adorador del sol y una actitud juguetona e impráctica. Con sólo dos de las tres características ya se tiene un auto distinto. El visitar estos recordatorios de la triple personalidad de un auto deportivo nos ayudaría a enfocar nuestro trabajo —y pocos sitios atraerían sus miradas más rápido que nuestra primera escala: Rosamond, los 2.5 km de asfalto más traviesos de California.
Un Auto Deportivo Debe Ser Rápido
Quizá sólo los periodistas automotrices buscando una historia indaguen la definición de auto deportivo en el Webster: “Un auto bajo y pequeño, generalmente caro, con asientos para dos y un motor de alta compresión”. Es perturbante que no mencionen las carreras.
Casi nadie lleva ya su deportivo de línea a las carreras. Pero aun al pasar lentamente por nuestras oficinas en Wilshire Boulevard, un deportivo necesita ese detalle que muestre que es capaz de correr. Listo —si recibe la notificación del alto mando de la SCCA— a lanzarse a la pista más cercana para entrar en acción.
Al Nissan le tocó ser el primero en recorrer las 16 vueltas del circuito callejero de Willow Springs. Son las 9:00 a.m., y el sol ya salió. Es hora de que las colinas moteadas de arbustos secos preparen el bloqueador solar. Pero a altas velocidades, nuestros alrededores desaparecen. El universo se contrae a los bordes de la pista y, dentro de su casco, el editor de pruebas de carretera, Neil Chirico, habla:“Desacelero. Freno. Saco el freno mientras giro el volante…”
Desde la oscura sombra del garaje, los chillidos de las llantas y los rugidos del motor que se escuchan a lo lejos parecen indicar que el Nissan de 300 hp debate consigo mismo debido a su grosor (“¡Sabía que debí perder algo de peso durante el invierno!”). Para enfrentarse con justicia ante el Solstice, necesitaría perder 243 kilos, y 229.5 frente al Z4. Es algo. Chirico: “Es el de menos agarre. El tope que encontré de frente realmente sacudió al auto, pero seguir acelerando me permitió que pasara bien. Los frenos se desvanecieron tras cuatro vueltas rápidas, y tuve un derrape en la salida, aunque no sé si fui yo o los frenos cocinados”. Y esto es a pesar de los rines estándar de 18 pulgadas. Tiempo de vuelta, 1:38.3 segundos. Competente, pero como descubrimos pronto, con una diferencia entre 1.6 y 2.4 segundos frente a sus rivales estadounidense y alemán.






