- Cupé/Convertible
Prueba de Carretera: 2005 Ford GT vs. 2005 Ferrari F430
Ford mandó a hacer un nuevo transeje de seis velocidades para el GT y sus cambios manuales son como los de un 911: nunca hay problemas con ellos. Comparado con las cajas manuales lentas y de cambios largos del Viper y Corvette, es toda una revelación. La caja manual secuencial F1 automatizada de Ferrari sigue mejorando y casi siempre encuentra la modulación correcta de acelerador y embrague para los cambios a altas y hace los cambios a bajas impecablemente. En estos sinuosos caminos es una ventaja poder hacer los cambios a bajas con las puntas de los dedos mientras se mantienen ambas manos sobre el volante. En el Ford, hacer cambios no es tan necesario, ya que la segunda y tercera cubren todas las eventualidades de manejo rudo. Ford ajustó el auto para que llegara al máximo en sexta, así que las demás, de la quinta a la segunda, podrían haber sido invertidas para darle más oportunidades de saborear el poder de las altas revoluciones y la satisfacción de hacer cambios manuales limpios.
Ambos autos tienen frenos que le golpearán el pecho. En el camino, los discos de hierro del Ford se comportan igual que los de carbono del Ferrari. Ninguno de los dos se desvanece ni pierde potencia. El frenado fuerte depende más del agarre de las llantas (determinado por la textura de la superficie, la amortiguación y el peso no suspendido) que de la potencia final de los frenos. Habiendo dicho esto, preferimos el viaje del pedal de Ferrari. Igual que la dirección y el acelerador, el pedal es más exacto, como un instrumento de precisión, además de que uno puede hacer ajustes microscópicos en el aumento o reducción de la presión. También sobre pavimento suave la potencia del sistema ultraexótico de Ferrari es la ganadora.
Regocije la vista con la silueta retro del Ford, pero en ocasiones ésta es una desventaja. La visibilidad es mala hacia atrás e inexistente sobre los hombros. Los pilares del parabrisas quedan muy cerca de sus ojos y bloquean la mayor parte de una curva cerrada. En el Ferrari, la posición es más alta y tiene una visibilidad mejor para atacar el camino.
Las puertas que abarcan el toldo son todo un drama, aunque son uno de los detalles esenciales para hacerle sentir como en Le Mans. Sucede que hacen que el GT sea completamente inaccesible a menos que la puerta esté completamente abierta: si alguien se estaciona junto a su auto mientras cena en un restaurante, no podrá irse a casa. La cabina del Ford es más impráctica: el Ferrari tiene una cajuela delantera y espacio para una maleta atrás de cada asiento; el Ford tiene una cajuela más pequeña, caliente como un autoclave debido a los radiadores, y cuenta con un subwoofer del tamaño de un supercargador ocupando el espacio detrás de los asientos. Este último es parte de un paquete de estéreo opcional: la radio podrá estar diseñada para parecer un reproductor de ocho pistas de la década de 1970, pero es en realidad un potente sistema McIntosh de US$4,000.




