- Cupé/Convertible
Prueba: La Passione y el Lamborghini
Las pruebas de frenado tendrán que esperar hasta que llevemos a este par a nuestra tierra, pero se sienten fuertes en el camino, seguros y libres de desvanecimiento, donde el F430 gana una ligera ventaja en su respuesta a la modulación. Los discos convencionales son estándar en ambos autos, pero Ferrari ofrece discos de compuesto de cerámica como opción de casi -gulp- US$15,000.
El parabrisas es amplio ante el conductor y da una visión panorámica, como la de un avión de combate. El inclinado parabrisas del Lamborghini está más alejado, y los pilares A son más estorbosos. Fuera de ello, ambos interiores están altamente detallados y bien acabados. La apariencia ultramoderna de los interruptores del Gallardo es genial, y los acabados en piel, Alcantara y aluminio en el auto de prueba le dan un aire de diseñador. Reconocerá el sistema de audio y los controles del aire acondicionado, ambos creados por Audi, del Lambo. Imagine esto: aire acondicionado de zona dual (que sí funciona) en un auto exótico.
Ferrari le da a elegir entre fondo amarillo o rojo para el enorme tacómetro, y puede seleccionar acabados de fibra de carbón o de aluminio para el resto de la cabina. Los asientos deportivos con alma de fibra de carbón en nuestro auto de prueba eran cómodos y nos mantuvieron firmemente en nuestro lugar. Sólo el enorme emblema de F430 arriba de la consola central arruina la imagen. Se puede decir lo mismo del funcional, pero estorboso faldón trasero del Ferrari. Aunque es muy útil para la aerodinámica del F430, pudo haber sido mejor integrada.
Sin duda ambos son autos endiabladamente deseables. Pero sus personalidades son diferentes. El Lamborghini se ve impresionantemente exótico: fresco, angular y ágil. Sólo la ausencia de las puertas tipo tijera hacen que no parezca una versión moderna y a menor escala que un Countach. El Gallardo también demuestra que el fabricante ya no debe disculparse por una calidad de armado que no hubiera pasado las pruebas para un vehículo arenero de la década de 1960. Con todo, el carácter del Gallardo refleja una actitud más conservadora: como ya mencionamos, es más un Gran Turismo de alta velocidad que un ágil deportivo. Va, viene, se detiene, gira y hace sentir seguro al conductor mientras lo hace. Pero se siente más pesado, menos atlético y, finalmente, le falta lo radiante del Ferrari y sus ansias de correr.
El F430 toma lo bueno del Modena y lo aumenta. Es más rápido y se maneja mejor, y a la vez ofrece una conducción más refinada y silenciosa que el auto al que remplaza. Aun así, si quiere jugar a ser Schumacher, el manettino le permite complacerse con la mayor fantasía del conductor, permitiendo programación con un solo toque de los sistemas del motor, la transmisión y el chasis de alta tecnología. Podrá sentir la profunda y visceral conexión con los autos rojos del Grand Prix que dominan ahora la F1 y la pasión de correr y ganar. La lujuria sin pasión es fría y calculadora, pero en el Ferrari F430 es tan ardiente como la fiebre.




