- Cupé/Convertible
En Retrospectiva: La Maquina de McQueen
Todo se siente directo y mecánico. La superficie del pavimento llega directamente a las manos por el volante. El embrague es rápido, pero no excesivo y hay mucho torque disponible, así que los cambios en la línea roja no son necesarios. La primera es larga —sirve para llegar a 100 km/h— pero la segunda y tercera están cercanas para mantener al motor en su punto. La cuarta también es larga, como se esperaría de una caja diseñada para la recta Mulsanne de Le Mans. Con cerca de 300 hp y un peso estimado en poco menos de 907 kilos, el XKSS no es sólo rápido, sino genuinamente veloz, incluso bajo los estándares actuales. Cinco segundos de 0 a 100 eran definitivamente exóticos en 1957.
El único control decepcionante es el pedal del freno. Hay mucha potencia de frenado disponible, pero el pedal se siente tan muerto como una roca. Presionarlo activa los discos Dunlop —adelantados en su época— y el XKSS frena con un mínimo de balanceo hacia adelante. Considerando que es un auto de carreras modificado para las calles, la calidad de conducción es bastante sutil en viajes largos, incluso en el irregular pavimento de Mulholland. Hay muy pocos rechinidos y ruidos como resultado de la integridad estructural del auto y de la bien hecha restauración realizada por Freshman, el dueño anterior. Hay cierta sensación de auto clásico en el 713, pero no se siente como si tuviera 50 años.
Conforme avanzaba por las diferentes curvas, subidas y bajadas de Mulholland, traté de imaginar la misma escena, pero hace 30 ó 40 años, con McQueen al volante tomando algunas curvas cerradas. No pudimos conducir el 713 tan violenta o tan rápidamente como Steve —el auto ahora cuesta entre US$2 y US$2.5 millones— pero no pude evitar hacer un par de cambios firmes de primera a segunda a 5,000 rpm. Acelere y la nota del escape se endurece hasta sonar como sirena gutural, harmonizado con el sonido de la aspiración lateral de los Webers. Los escapes truenan y escupen cuando afloja el acelerador y suben ondas de calor desde las ventilas del cofre. Intoxicante.
La leyenda cuenta que al menos una agencia policiaca de Los Angeles ofreció una “cena cara con filete” al oficial de policía que pudiera alcanzar a McQueen y le diera una multa por exceso de velocidad. Sigue diciendo que, aunque se le vio varias veces y se le persiguió, nunca le dieron alcance. La cena con filete se quedó pendiente. Otra historia lo niega todo y dice que McQueen estaba tan lleno de multas que casi pierde su licencia de conducir.
Hurra por Hollywood.



