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De Charros y Trocas

Cuando la utilidad encuentra el legado

Cuando la utilidad encuentra el legado

“Vestirse de charro es vestirse de México”, me dijo Ramiro Rodríguez, director de marketing de la Asociación Americana del Charro. Pero la frase va más allá. La charrería llegó a México proveniente de España y fueron los charros quienes jugaron un papel importante en revolución de México. Los mexicanos de campo tienen una pasión por la charrería que es más elegante y diferente que la que se ven entre los cowboys o los gauchos. El legado de los charros es tan extenso que han traspasado las fronteras y en Estados Unidos tienen una fuerte presencia.

La charrería es el arte de manejar al caballo. También involucra vestirse de forma elegante, con trajes de charro que están compuestos por botas, pantalones, camisas, chalecos, sacos y sombreros. El traje de charro es lo que visualmente distingue a los jinetes de otras culturas y la variación de colores, costuras y diseños hace que los charros luzcan como un torero en traje de luces.

La tradición más viva de la charrería son las charreadas, que consisten en suertes o eventos que incluyen caballos, toros, o los dos. Las charreadas se llevan a cabo en un lienzo, un ruedo de arcilla o tierra en donde los charros y sus caballos realizan las nueves suertes. Como parte de la cultura, las charreadas inician con rezos a la Virgen de Guadalupe y con música original, seguido por el himno nacional.

La cultura de los charros ha crecido tanto que en Estados Unidos nació la Asociación Americana del Charro. Fundada en 2002, esta asociación tiene como objetivo seguir promulgando la cultura charra entre los mexicanos y México-Americanos en Estados Unidos, sobretodo en las generaciones jóvenes. Sin embargo, los charros aseguran que la tecnología ha hecho difícil inculcar la cultura entre los jóvenes.

“Con el avance en la tecnología, los niños no tienen el interés como antes”, dijo Esteban, uno de los charros presentes. “Muchos niños ya no van al campo como lo hacen en México. Pero poco a poco intentamos hacer escuelas charras para ellos para que tengan la noción y el gusto de sus antepasados”.

Son los antepasados a quienes se les debe gran parte de esta cultura. Todos los charros señalaron que las familias charras han jugado un gran papel en pasar la cultura a las nuevas generaciones, y la cultura charra siempre se ha vivido en un ambiente familiar.

“Es un deporte familiar, porque normalmente cuando el papá lo practica, los hijos lo practican, los nietos lo practican, las nietas, las esposas, y une a toda la familia”, dijo Ramiro. Las responsabilidades de cuidar a los caballos y todo lo que rodea el deporte charro, también es algo que se inculca desde niños.

“La charrería fue algo que a nosotros nos dio de comer, y fue un estilo de vida para nosotros. Teníamos [en mi familia] un lienzo cuando éramos chiquillos y ahí íbamos a trabajar para hacer las charreadas cada fin de semana”, dijo Enrique, quién nació y creció en Estados Unidos.

Al migrar a Estados Unidos, estos charros se han expuesto a un nuevo mundo de oportunidades y reglas que deben de seguir. Aún así, todos ellos han perseguido el sueño americano y sus esfuerzos les ha permitido comprar y mantener sus caballos. Como parte del sueño americano, muchos de estos charros desean tener una camioneta utilitaria, no solo por su estilo de vida, sino también por las capacidades de carga y remolque.

Una de las razones por las que la Chevrolet Silverado ha sido la camioneta preferida de los hispanos durante años, es debido al legado que las camionetas tienen con las familias hispanas. La lealtad hacia una marca se ve reflejada inmediatamente en muchos de los hispanos; hay familias Chevy y familias Ford, pero en el caso de estos charros, las Chevrolet fueron las camionetas de elección.

“Desde chiquillo siempre me gustó. Mi papá tenía una 69, una 76, una 91. Yo después agarré una 2004 y pues era un sueño para mi porque era una camioneta muy durable y nos ha servido para jalar la traila (sic) y para mover a los animales”, dijo Esteban. Él asegura que se ha quedado con la marca porque es un símbolo entre su familia, además de la calidad y la durabilidad que presenta.

Willy, otro charro que ha nombrado “La Palomita” a su Silverado 2500 blanca modelo 2004, asegura que le gustan las camionetas Chevrolet debido a su comodidad y capacidad. “Me gusta su estabilidad y la comodidad de sus asientos. Pero más que nada la 2500 está capacitada para jalar lo que uso [los caballos]”, dijo Willy.

En general, los hispanos tienen una gran conexión con las camionetas, y dos de los modelos más icónicos entre esta población son Chevrolet (Suburban y Silverado). Y no es una coincidencia que los dos mercados donde más camionetas se venden (Texas y California) sean también dos de los estados donde más hispanos hay en Estados Unidos.

Si hay una conexión entre los charros y las camionetas, está en su historia y legado. Las camionetas Chevrolet han formado parte de la vida de muchos mexicanos en Estados Unidos, y son considerados como un ícono entre la población. Las tradiciones de los charros encajan con el estilo de vida que entregan las camionetas, y utilizan las capacidades de carga y remolque todos los días. La decisión de compra no solo se basa en la capacidad que cada producto entrega, sino también en la historia y la familiaridad que existe entre la marca y el cliente.