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Coronando a un campeón singular: tras bambalinas en Auto del Año 2018

La historia completa de qué es lo que sucede en Auto del Año

La historia completa de qué es lo que sucede en Auto del Año

El programa Auto del Año de Motor Trend 2018 comenzó igual que muchos otros lo han hecho durante los últimos siete años: conmigo deteniéndome para comprar tres botellas de buen whisky, para consumirlo por las noches, una vez que nuestro reparto y equipo estuviera instalado de forma segura en nuestro hotel, naturalmente. Como James Joyce escribió en Ulises, “Los bardos deben beber y comer cuajada”. Traduciéndolo a la jerga de nuestra épica, tuvimos que probar 46 autos y evaluarlos en dos semanas de intenso calor y viento en el Desierto de Mojave. ¿Sabe usted cuántas peleas podría implicar esto?  Una o dos buenas bebidas fuertes son algo esencial para un debate inspirado.

Antes de que los editores llegaran para juzgar la competencia de manera subjetiva, el testarudo equipo de avance compuesto por el director de pruebas Kim Reynolds, el editor de pruebas de manejo Chris Walton y el editor de pruebas de manejo asociado Erik Ayapana pasaron una semana en las pistas de pruebas de Hyundai-Kia. Estos tipos pasaron nuestros competidores por interminables carreras de 0 a 60 mph, paradas de 60 a 0 mph, arrancones de cuarto de milla, vertiginosos circuitos de figura en ocho y cualquier otra cosa que pudiera plasmar una cifra cuantificable al rendimiento relativo de nuestros competidores. Decir que este trío (junto con el experto en números Alan Lau) se veía desgastado es poco. Ahora era el turno de los jueces al volante. Kim y Chris se unieron al panel para asegurarse de que los datos empíricos se incluyeran de manera justa en nuestras deliberaciones.

Después de un pequeño retraso debido a un viaje en avión, los 11 jueces se reunieron en la vasta negrura del área de dinámica de vehículos de los circuitos de pruebas, mejor conocida como VDA. En este punto realizamos nuestros recorridos con base en notas detalladas que explican por qué cada nuevo auto específico está en el Auto del año, qué novedades presenta si acaso es una actualización, y contra qué compite. A diferencia de lo que viene más tarde (¡la pelea!), nuestros recorridos son despreocupados y, francamente, divertidos. Por lo general encontrará al jefe de la oficina internacional Angus MacKenzie amontonado con nuestros legendarios jueces invitados Tom Gale y Chris Theodore carcajeándose sobre algún intento estropeado de un pilar A, a mí discutiendo con cualquier otro y al editor en jefe Ed Loh gritándonos para mantener el enfoque porque se nos está acabando la luz del día.

Los recorridos incluyen un poco de jerga laboral, un poco de crítica del diseño y muchos neumáticos pateados. El mejor momento de este año ocurrió cuando el editor de crónicas Christian Seabaugh decidió retirar el capó de uno de los dos Smart Fortwo ED.  El capó, que a mi parecer debería llamarse mejor “capó entre comillas”, no tiene bisagras ni está permanentemente fijo al Smart. Está cableado al vehículo, como una correa en una tabla de surf. Pienso que, si sale volando en un choque, no tendrá que caminar muy lejos para encontrarlo. Menciono esto porque nos tomó alrededor de cinco minutos averiguar cómo volver a instalar el “capó”. La mejor parte fue que dejó perplejo a Chris Theodore, antiguo jefe de ingeniería para Chrysler y Ford. Ahí estábamos, parados alrededor, tratando de encontrar una forma de reconectarlo. Un consejo de interés: no lo retire.

Con los recorridos completos y nuestros cerebros colectivos totalmente repletos de nuevo conocimiento, era hora de hacer el recorrido de 35 millas a nuestro hotel en el pueblecito de Tehachapi en el alto desierto. Christian y yo nos ofrecimos como voluntarios para tomar el Tesla Model 3, incluso aunque eso significara levantarnos 30 minutos antes que todos los demás al día siguiente, para poder conectarlo al Supercargador en Mojave. Al igual que todos los Tesla, el más nuevo está cargado de huevos de Pascua. Si hace clic hacia abajo cuatro veces en la palanca de control de velocidad crucero, entrará a Rainbow Road, que muestra un arcoíris en movimiento en el panel de instrumentos y reproduce el audio de la parodia “More Cowbell” de Saturday Night Live. Hay varias opciones más con las que también se puede jugar. Está el modo Mars Rover, que convierte la pantalla de navegación en la superficie marciana y la flecha direccional en lo que creo que viene siendo el vehículo Mars Rover de Tesla. Porque, como saben, Elon Musk quiere ir a Marte. Hay también un huevo de pascua que cambia la pantalla central por una tableta para dibujar. No les voy a decir las cosas NSFW (no apropiadas para el trabajo) que Christian y yo dibujamos en la pantalla del Tesla, pero nos reímos por 20 minutos seguidos.

En camino al Supercargador en la mañana, pasamos por una enorme gasolinera en construcción en la calle principal de Tehachapi. Pasar por esa gasolinera en el Model 3 me dejó con una sensación incongruente. ¿Quién no está al día?  ¿Tesla o el próximo palacio de gasolina? Descendiendo por la autopista 58 y viendo lo que deben ser miles y miles de molinos de viento generadores de electricidad, puede uno darse cuenta de que Tesla sabe algo que otros desconocen. Dicho esto, después de más de una hora de carga, la batería del Model 3 todavía no estaba llena y nos vimos forzados a llamar a la caballería (el zar de activos visuales y especialista del COTY, Brian Vance) porque no podíamos llegar tarde al informe matutino. Al parecer el bebé Tesla no se supercarga con tanta rapidez como los Model S y X.

Después de algunas palabras sobre procedimientos de la buena gente de Hyundai Kia y de una advertencia del editor ejecutivo Mark Rechtin de que nuestros comentarios relacionados con nuestros 46 autos fueran cortos y concisos (tendemos a escribir de más), era hora de comenzar la monumental tarea de recortar nuestro enorme campo de contendientes a un grupo más razonable y manejable de finalistas. El Auto del Año de Motor Trend representa las dos semanas más duras de trabajo dentro de la industria automotriz. Voy a hacer publicidad a nuestro proceso. A diferencia de nuestro competidor principal, que renuncia cuando llega al punto que alcanzamos después de los primeros dos días (entregan cierto tipo de trofeo de participación/un premio en el que todos son ganadores), una vez que hemos identificado a los mejores candidatos, continuamos antes de declarar un verdadero Auto del Año. Sin duda no es fácil. Pero la recompensa por nuestra diligencia debida, al menos en el primer día, nos llegó en forma de tacos.

Como suele ocurrir, hay un concurso dentro de otro concurso, una carrera dentro de otra carrera. En el Auto del Año, la competencia secreta es quién puede comer la mayoría de las deliciosas creaciones de Wantacos. Lo primero que debo decir es que Ed hace trampa cada año. Verán, los verdaderos tacos tienen dos tortillas de maíz. Pero cada año, Ed pide sus tacos con una sola tortilla. ¿Acaso es un gringo blasfemo? Definitivamente, pero también le gusta mantenerse delgado. Bicho raro. Sea cual sea su motivación, el resultado es claro: hace trampa. Saber quién es el verdadero ganador no es cuestión pública, pero la industria en general podría escandalizarse si supiera que el equipo de fotografía y video supera comúnmente a los editores. Esto se debe a que mientras los editores conducen en el esplendor del aire acondicionado, el equipo de activos visuales está corriendo por toda la maleza desértica, buscando el punto ideal para hacer sus tomas artísticas, mientras pasan cuidadosamente por donde habitan algunas de las criaturas más desagradables de la naturaleza. Habiendo ingerido los tacos, nos dirigimos a reanudar nuestra labor. El primer día concluye y los 11 jueces logran conducir entre 20 y 25 autos. Los fotógrafos están muertos. Como inútiles zombis, comemos algo de pizza y nos quedamos dormidos. El whisky permanece sellado.

Con la mañana llega el momento culminante de todo el evento: la exhibición de diseño de Tom. Podríamos cobrar por esto. Y deberíamos. Tom fue jefe de diseño de Chrysler durante una época dorada y es la persona detrás del Dodge Viper de primera generación. ¿Qué más necesitan saber? Cada año Tom alinea a todos los competidores en un orden no repetitivo específico y luego los analiza uno por uno, explicando qué es lo que realmente estamos viendo. Tom (y en un amplio grado, aunque secundario, Chris Theodore) nos ataca con toda la jerga industrial que podemos tolerar. Postura, textura y brillo, recubrimiento, líneas del horizonte; no nos hablan como si fuéramos ignorantes, pero esos dos están muy por encima de nuestro modesto entendimiento. De cualquier forma, Tom se cuida mucho de no decirnos qué pensar, sino más bien explicar cómo funciona un diseño. Cuál es la razón por la que algo nos gusta o nos disgusta. “Quien haya diseñado esto debería ser arrestado”, gritó Tom mientras caminábamos hacia la nueva Honda Odyssey. Y en defensa de Tom, tiene razón.

Después de un día de correr a toda velocidad para probar el resto de la competencia en la pista, son las 4 p.m. y es hora de comenzar a recortar el número de competidores. Los 11 jueces nos metemos a un cuarto, bebemos suficiente La Croix y Gatorade como para llenar una bañera y comenzamos a eliminar los autos que no consideramos que puedan tener la menor probabilidad en el desierto Mojave de ser el Auto del Año. Este no es un proceso agradable, ni siquiera cuando estamos de acuerdo. Cuando se eliminó el Smart ED por tener solo un rango de 58 millas, el director técnico Frank Markus dijo, “Gracias a Dios. ¿Se imaginan pasar 300 millas en uno? ¡Eso debería estar en contra de la Convención de Ginebra!” Se volvió cruel a partir de ahí. “Esto es lo más que han podido alejarse de la máquina de conducir definitiva”, dijo Chris Theodore sobre el BMW Serie 5. Después de que la editora de Detroit, Alisa Priddle, explicó lo mucho que disfrutó “More Cowbell” en el Model 3, Angus emitió su opinión: “Yo odio eso”. Cuando llegamos al Lincoln Continental, una persona que debe permanecer en el anonimato comenzó a defender el auto. “Hay mucho dinero que obtener de este nivel de mal gusto”. En un punto las cosas se pusieron tan acaloradas que Mark dijo sarcásticamente de golpe: “¿qué les parece si irritamos a todos los fabricantes de autos?”

Sin embargo, surgió un extenso tema después de la “discusión”. La industria automotriz coreana va en ascenso. Dos Kia sobrevivieron el recorte final (el bueno y sorpresivo Rio, y el impresionante Stinger, representando el 25 por ciento de los finalistas) y el Hyundai Elantra GT Sport fue nuestro auto burbuja, lo que significa que casi logró llegar a los últimos dos días.  “¿Buen valor, buena garantía? ¡No! Buenos autos”, dijo Chris Walton sobre los participantes coreanos. Angus dijo que si fueran japoneses, estaría preocupado. Todos en el cuarto asintieron.

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Hablando de Japón, tomamos una medida inusual con el Honda Civic Type R, optando no solo por dejarlo como finalista, sino también separándolo de su hermano menor, específicamente el Si. Verán, el Civic en sí era en realidad nuevo hace dos años y fue finalista en nuestra competencia de 2016. Nos gusta ese auto. De hecho, el Civic llegó a ganar uno de nuestros premios Big Test, superando con creces a todos los demás autos en su clase. Vemos el Civic Si como una variante del Civic que ya conocemos y amamos, por lo cual no es material para el Auto del Año. ¿El Civic Type R? Un animal completamente distinto.

Raras veces he visto tantas personas tan impresionadas por un automóvil de alto rendimiento. Angus alardeó que es el auto más impresionante de Honda desde el NSX original. Yo sigo haciendo la pregunta: “¿Y si el nuevo NSX fuera así de bueno? Demonios, ¿la mitad de bueno?” Usando la excusa/conocimiento interno de que el Type R en realidad está diseñado y fabricado por un equipo en el Reino Unido en vez de Ohio, adoptamos la medida inusual, probablemente sin precedentes, de continuar con el Type R como finalista independiente.

De cualquier forma, teníamos nuestro grupo elite de 8.

Esa noche finalmente abrimos la botella de whisky e incluso un par de puros. Si la exhibición de diseño de Tom es la parte de las evaluaciones del Auto del Año de la que podríamos beneficiarnos, entonces tomar un par de tragos y conversar sobre la industria automotriz es la parte que nos costaría. Se cuentan cuentos y verdades. Se revelan los dramas de la sala de juntas. Debido a la posibilidad de demandas por difamación personal, tal vez entre menos se diga aquí será mejor.

Los Finalistas

La siguiente mañana comenzaron nuestras vueltas estándar de conducción de los finalistas. Puesto que habíamos sacado de nuestro sistema nuestras emociones a gran velocidad en los circuitos de pruebas, en su mayor parte estas vueltas transcurrieron sin novedades. (Me detuvo un amigable oficial de Thachapi por una cosa u otra, pero me dejó ir sin una multa.)

La charla en el almuerzo trató en su mayor parte acerca de lo buenos que eran los finalistas y cómo el argumento al día siguiente debería ser una cuestión bastante contundente. Yo desarrollé cierto tipo de gripe y me dirigí a mi cuarto tan pronto como terminaron las vueltas. Todos los demás fueron a una sesión fotográfica y luego a cenar.

Un golpetazo en mi puerta me despertó alrededor de las 9:30 p.m. Eran Ed y Frank. Querían el whisky. Les entregué tres botellas. Dos de ellas regresaron al día siguiente.

Nos quedaban cuatro vueltas la siguiente mañana, después el almuerzo y luego el evento principal. De los ocho finalistas que elegimos, siete se consideraron lo bastante competentes como para llevarse nuestro premio del año. Después de destacar en la pista de prueba el Lexus LC 500h no logró impresionarnos en el mundo real. Probablemente deberíamos haber llevado el V-8, pero pensamos que como Toyota ha desarrollado su reputación como líder en tecnología híbrida, llevar el LC 500h de gasolina/eléctrico era la decisión inteligente. Resultó que elegimos el auto adecuado, pero solo porque facilitó nuestro proceso de toma de decisiones. Con una competencia tan reñida podría uno pensar que las deliberaciones serían reñidas. Pero en general no fue así, con varios autos etiquetados como “es un excelente auto, pero simplemente no es el Auto del Año”.

Si acaso, el auto que creó que la mayoría de los jueces se hubiesen robado fue el Porsche Panamera Turbo. Desde luego que su precio inicial es de $147,950, pero ¿lo ha conducido? Olvidemos la velocidad en línea recta (de 0 a 60 en 3.0 segundos, el cuarto de milla en 11.4 segundos a 121.2 mph), en la pista sinuosa el enorme motor Turbo de 550 caballos de fuerza y 4,662 libras tomó las curvas con tanta agresividad que el líquido de limpiaparabrisas se derramó de su contenedor y salpicó todo el parabrisas. ¡Me pasó a mí! Dicho esto, el “pequeño” 4S Panamera con V-6 biturbo de 4,498 libras estuvo bastante bien por su parte.

Aunque cualquiera de los Porsche constituye un finalista legítimo, la decisión fue continuar con el 4S (y no con el Turbo). Tengo que decirles que yo estuve en contra de esto. Sin embargo, la mayoría de la gente sintió que el Turbo constituía “demasiado”. No voy a decir por qué o cómo, pero se señaló que a 189 mph el auto emite un sonido para revisar las presiones de los neumáticos. Está bien, tal vez el Turbo sea demasiado. ¿Acaso tener el bastante poderoso 4S en vez del imponente Turbo acabaría con la oportunidad de que el Panamera se llevara el Auto del Año? Sí, pero no por la razón que tal vez esté pensando. El 4S desarrolló un cascabeleo en la pieza bruta de plástico que sirve como llave. Literalmente es una pieza de plástico de $0.28 que se debe torcer (en vez de un botón de arranque) y que a muchos nos volvió locos. Algunas veces son realmente los detalles pequeños.

Después vinieron los cuatro autos que podrían haberse llevado a casa el premio: Alfa Romeo Giulia, Honda Accord, Kia Stinger y Tesla Model 3. El Stinger simplemente sorprendió a todos. Sentimos que el modelo GT con tracción total era aproximadamente un 90 a 95 por ciento tan bueno como el auto referencia de Kia, el Audi S5 Sportback. Sin embargo, costaba dos terceras partes de su precio. Es difícil discutir en contra de eso.

El Accord nos dejó estupefactos. No solo consideramos que es el mejor del segmento de sedanes medianos familiares, sino que, hablando en el sentido dinámico, la versión de 2.0 litros con 10 velocidades era un mejor sedán deportivo que el BMW 530i. Tal vez esta última parte le parezca difícil de aceptar, pero como mi padre siempre decía, “La verdad es una defensa”.

Los momentos más tensos fueron cuando llegó el turno del Tesla 3. Un par de nosotros quedamos cautivados por el auto más reciente fabricado por Musk, específicamente porque a diferencia de los Model S y X, no veremos ninguno con etiquetas de precio de seis cifras. Sin embargo, al igual que los dos Teslas anteriores, los Model 3 de la primera edición están totalmente equipados, cuentan con las especificaciones más altas y su precio es el adecuado. ¿Veremos alguna vez un Model 3 de $35,000 dólares? Esa pregunta perduró en la sala. Al evaluar a los finalistas del Auto del Año mediante nuestros criterios clave, el valor del Model 3 disminuyó.

Como es costumbre, ganó el mejor auto. Nos sentamos en una formación en L durante las deliberaciones finales, con solo la mitad de la sala visible, los rostros dependiendo de en dónde resida usted en este politburó. Nunca olvidaré las sonrisas en los rostros de Chris Theodore, Chris Walton, Christian, Ed, Frank, Alisa y Tom cuando discutimos sobre lo divertido que fue conducir el eventual ganador. Además de su sorprendente rendimiento, el manejo superior, su sólido ahorro de combustible, su excelente historial de seguridad y su estupendo valor, el Alfa Romeo Giulia es pura diversión.  Para mí, eso selló el destino del campeón más que cualquier otra cosa. ¿No debería nuestro Auto del Año hacer sonreír como niños a los canosos y veteranos escribas automovilísticos? Aunque no fue una elección unánime (el Accord, el Stinger y el Model 3 también obtuvieron votos para el primer lugar), al final el mejor fue coronado como Auto del Año
de Motor Trend 2018. Como debería ser.