Primera Vista: el Dodge Challenger y el Chrysler Imperial
Hombres con sombrero haciendo de las suyas en Wall Street o Madison Avenue, sus esposas que organizan elegantes fiestas de coctel y que van juntos a las obras de Broadway en elegantes Chrysler Imperial, el auto para aquellos que encuentran al Cadillac y al Lincoln demasiado comunes.
Ésas eran las imagenes del Imperial —no del cupé edición Frank Sinatra de principios de la década de 1980 ni el horrible modelo final, un K 1993 alargado, sino del periodo de 1955 (“¡diseñado con inteligencia infinta!”) a 1962, de la época del diseño exhuberante de Virgil Exner—. No es de sorprender que aquellos Imperial inspiraran a los diseñadores modernos de Chrysler, quienes abundaron en detalles retro sin volverse retro, cuando planearon uno nuevo basándose en la plataforma LX del 300. El Imperial utiliza el Hemi 5.7L de 340 hp del 300C y una suspensión ajustada para dar comodidad y silencio, a pesar de sus rines de 22 pulgadas. La distancia entre ejes crece a 312.4 cm, la altura a 162.5 cm (suficiente espacio para un sombrero), y la longitud es de 543.5 cm (unos 38.1 cm menos que un modelo 1956).
Muchos han descrito la apariencia del 300 como “similar a un Bentley”. Verán la conexión entre el Rolls-Royce Phantom y el concepto Imperial, con su toldo formal y un habitáculo cuadrado en una carrocería imposiblemente musculosa. El concepto Imperial es un Phantom de US$50,000 —competiría contra los grandes sedanes Cadillac y Lincoln.
Nicholas Malachowski, un diseñador tan joven que apenas recuerda el Imperial K alargado, diseñó el interior 2+2 con consolas delantera y trasera y palanca automática al piso. Es un auto para el conductor, no sólo para los pasajeros. Lleva “puertas suicidas” (las delanteras y traseras abren por la parte central) y seguros de solenoide bajo las manijas de las puertas, sin pilar B. Hay una pantalla de video en la parte trasera, pero no hay humidificador de habanos ni otros detalles así. Los interiores de las puertas son cóncavos, con una curva en la base de los asientos que se repite en la consola central y en los descansabrazos.
Los asientos bitino en crema y café se hacen de ante fino y telas premium en vez de piel. La pintura exterior es “cobre negro”. El tacómetro y el velocímetro están en dos relojes grandes frente al conductor, como en los Imperial clásicos, y el interior cuenta con una suave luz de ambiente cerca de las manijas de las puertas y en la consola del toldo en la parte trasera, como en los autos de Mercedes-Benz. El toldo es de cristal fijo sobre los asientos delanteros. “Mi inspiración para la iluminación fue de un restaurante elegante”, dice Malachowski. “Con sus puertas suicidas y el interior drástico, queríamos que [el auto] fuera algo teatral”. Él llama a este efecto “modernismo orgánico” o “simplicidad con detalles”.




