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La Jungla de Asfalto: La Gran NuevaBuscando la armonía —y a Nemo— mientras logramos 42 km-persona/L
Tras unas cuatro horas de haber salido de Ann Arbor, en camino a un descanso con paseos a pie y en canoa en el norte de Michigan, de repente lo noté: no escuchaba nada. Sentí pánico. Algo estaba muy mal.
Después de todo, detrás de mí, en dos filas, estaban mi hija, de cinco años, y cuatro de sus primos y primas, con edades entre los ocho y los 13 años. Cinco niños encerrados en un compartimiento sellado durante horas —incluyendo los tramos de tránsito pesado en la I-75—. Lo que debí haber escuchado debería parecerse a una turba de fanáticos ingleses del fútbol. Pero no era así. Volteé a ver a mi esposa en el asiento del copiloto. "¿Las dejamos cuando paramos a comer en Grayling?" Entonces miré sobre mi hombro. Vi cinco caritas sonrientes y pacíficas. Parpadeé dos veces para estar seguro.
Damas y caballeros, la cura para el descontento y alboroto juvenil no son las escuelas privadas o el helado ni la superniñera, sino el Cadillac Escalade ESV 2007.
Al ESV se le llama un SUV, pero eso está mal. Debería clasificarse como "parque de diversiones de tracción total". En los asientos de cubo de la segunda fila estaban los dos primos mayores, Paul y Mike. Paul conectó su iPod con audífonos al contacto trasero y escuchaba felizmente XM Satellite Radio. Mike observaba el mapa GPS en movimiento con toda su atención ("Es muy cool saber exactamente dónde estás en cada momento"). En la tercera fila, Juliette, Mary y Max veían un DVD de "Madagascar" en la pantalla del toldo, escuchando el audio digital por medio de audífonos inalámbricos. Son aparatos maravillosos. Cuando los cinco estaban viendo "Buscando a Nemo" al mismo tiempo (el sistema de video opcional del Escalade tambien cuenta con una pantalla sobre la segunda fila), la cabina se sentía extrañamente silenciosa —exceptuando los deliciosos estallidos de risa del grupo.
Oh-oh. Ya puedo escuchar los gritos de: "¡pacificadores electrónicos!" desde Berkeley. "En los viajes, no callamos a los niños con DreamWorks y Pixar", dirán. "Hacemos que el abuelo Pricklelobe les cuente viejas historias de la guerra hasta que se duermen o suplican por que les leamos algo de Molière". Pero los DVD y XM no son sustitutos para la vieja y buena conversación familiar —si se utilizan con buen juicio, son como un botón de "adelantar" en el control remoto, eliminando la monotonía del viaje y dejando sólo los mejores momentos—. En el viaje, los niños vieron todos los venados que nosotros vimos. Se sorprendieron con cada lago panorámico que nos encontrábamos entre los árboles y cada auto cool que pasaba. No me molesta para nada que hayan seguido pegados a la pantalla mientras pasabamos frente algunos tugurios de comida rápida en la carretera.
Un Saab 9-5 nos alcanzó en cierto momento, la pareja del frente miraba la enormidad del Escalade con obvio desdén de "¿cómo puedes conducir ese brontosaurio?" "Mira, Timmy", seguramente le decían al niño del asiento trasero. "Cerdos de petróleo".
Momento. Si somos generosos y suponemos que el 9-5 proporcionaba su clasificación completa de 12.3 km/L, con sus tres pasajeros en el Saab estarían logrando 36.9 kilómetros-persona por litro. Pero incluso con los 5.9 km/L observados en carretera del Escalade, con siete pasajeros estábamos logrando casi 42 km-persona/litro —una verdad inconveniente para los del Saab—. Aun con menos pasajeros, un SUV grande puede avergonzar a un solo pasajero en un Prius en cuanto a eficiencia en movilidad de pasajeros. La clave es tener gente a bordo.
Diga a todos sus amigos que, si lo acompañan, pueden ver sus películas clásicas. Yo empezaría con "Taxi Driver".



