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Entrevista: Rick Wagoner, General Motors Co.Ya No Más Amabilidad: Enfrentándose a costos nocivos de gastos médicos y una creciente competencia mundial, el hombre al mando de GM mira al este en busca de salvación.
Rick Wagoner dice que el libro más consultado de su oficina, ubicada en el piso 39 de las oficinas centrales de GM a nivel mundial en Detroit, es el "Atlas Mundial de National Geographic". Está ubicado estratégicamente, justo detrás de su silla grande de cuero negro. El separador de libros se encuentra en la página donde se encuentra China.
China es la gran esperanza de GM para la redención. Si ese país continúa en auge, GM podría volver a tener utilidades y apartarse de la catástrofe. El año pasado, las ventas de GM despegaron 35 por ciento en esa región. Superó a Volkswagen como el líder del mercado. China es ahora el segundo mercado más grande de GM a nivel mundial. El último baluarte del comunismo podría traer la salvación para la compañía más famosa del mundo capitalista.
Éste fue el único fragmento de buenas noticias recientes para Wagoner.
Nos reunimos en su oficina, con vista al río Detroit. Es un día frío y gris, lo cual es adecuado con el estado de ánimo imperante en GM. Para acceder a la oficina de Rick —y sí, su representante de relaciones públicas nos insistió que lo llamáramos Rick—, tuvimos que pasar por varias puertas deslizables tipo nave Enterprise activadas por tarjetas de seguridad.
En esta instancia, los "Cuatro Grandes" de la compañía dirigen una corporación que, aunque está en aparente condición terminal, aún da empleo a 325,000 personas en casi 200 países, 32 de los cuales fabrican autos, camiones o vans. En este ambiente corporativo americano de altura, Wagoner, el zar de los "autos Bob Lutz", el vicepresidente John Devine (ex directivo de Ford que se unió a las filas de GM cuando no fue favorecido con la decisión de la familia Ford para convertirse en director ejecutivo ahí), y el nuevo director de finanzas, Fritz Henderson, se quiebran la cabeza con las grandes interrogantes.
Y hay bastantes para mantenerlos despiertos por la noche. ¿Cómo detener el ascenso sin descanso de los japoneses y el declive de Detroit? ¿Cómo puede hacer frente una compañía de abolengo a un nocivo legado de gastos médicos? ¿Cómo dirigir a una corporación laberíntica que produce automóviles tan diversos como el Hummer y el Saab, el Chevrolet y el Opel? Una que tiene participación de acciones en Susuki e Isuzu y colaboraciones con todos los fabricantes, desde Mercedes a BMW, desde Toyota a Renault, desde Shangai Automotive Industrial Corporation, de China, a AVTOVAZ, de Rusia. Y lo más estresante de todo, tiene una hemorragia de liquidez a tal punto que un número creciente de analistas esperan que GM siga el camino de su subsidiaria y más grande proveedora de partes, Delphi, hacia la bancarrota.
Cuando uno conoce a "Rick" es imposible no simpatizar con él. Es amistoso, da un firme apretón de manos, y le ofrece a uno café, jugo y panqués. Son las 8:00 a.m. y ya está bebiendo su café Starbucks que compró de camino al trabajo. (Visita Starbucks diario de 6:45 a 7:00 cada mañana, a menos que tenga que realizar un viaje.) Tiene la apariencia sin bronceado de alguien que ha pasado muchas horas en una oficina, detrás del escritorio. Pero es alto, garboso, se conserva en línea y luce bien a sus 53 años.



