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La Jungla De Asfalto: El Auto de AyrtonAdiós al Acura NSX original, el clásico exótico de Japón —y Brasil
Dormí hasta tarde el 1 de mayo de 1994. Antes de la era dorada de TiVo, normalmente me levantaba a las 4:30 a.m. todos los domingos que ESPN transmitía en vivo una carrera de Fórmula 1 desde Europa. Pero esa mañana en especial, habiendo extendido mi estadía en varios clubes de Sunset Strip la noche anterior, dormí hasta casi mediodía. Me sorprendió encontrar dos mensajes en mi correo de voz. El primero simplemente decía: "Soy papá. Sólo quería saber si estás bien". El otro era de mi mejor amigo: "Me pregunto si ya te enteraste", decía mientras mi pulso se aceleraba. Le llamé primero a mi amigo. "Es Senna", dijo. "Grand Prix de San Marino. Está muerto." Llamé a mi padre. No me sentía bien.
Ayrton Senna fue y sigue siendo mi piloto de carreras favorito. ¿Era maquiavélivo? Sí. Pero en un auto F1 también era como Mozart, un ser humano funcionando a un nivel tan superior al resto de nosotros que era impresionante (un ejemplo: Mónaco 1988, durante la calificación, Senna corrió cada vez más rápido, incluso más allá de su comprensión conciente, hasta detener atemorizado su McLaren después de lograr una posición de arranque 1.4 segundos más rápido que Alain Prost en un auto idéntico). Senna insistía en vivir la vida al máximo y se obligaba con una intensidad feroz e inspiradora (cuando asistí al programa de fisiología para pilotos de carrera en el centro Human Performance International, en Florida, los doctores hablaban reverencialmente de cómo Senna les había insistido en que le dieran cualquier consejo que mejorara sus capacidades). El mundo está loco últimamente, pero Ayrton Senna da Silva era real: un genio.
Recordé recientemente a ese brillante brasileño cuando, en el garaje de MT, encontré un Acura NSX. Es el único auto para las calles desarrollado con consejos de Ayrton Senna. El auto era amarillo, el color del famoso casco de Senna. Corrí a buscar las llaves.
Es fácil olvidar el impacto del NSX 1991 original en el mundo de los deportivos. En ese entonces, el Ferrari 348 era rápido, pero también exasperante y estaba construido de manera indiferente. El nuevo NSX fue una revolución: ligero, rápido, con respuesta, pero flexible, y tan amigable con el piloto como un Civic.
Senna ayudó a hacerlo así. Los ingenieros de Honda habían avanzado mucho en el diseño del NSX cuando, en febrero de 1989, en el circuito Suzuka de Japón, se cruzaron en el mismo camino del maestro, que estaba ahí para probar su F1 McLaren-Honda. Senna les complació dando algunas vueltas con el protoripo, y después ofreció una crítica humilde, pero reveladora: "No estoy seguro de poder dar un consejo adecuado para un auto de producción en masa", dijo, "pero se siente un poco frágil". El NSX ya era tan rígido como los Ferrari y Porsche contemporáneos, pero la extraordinaria sensibilidad de Senna detectó una debilidad crucial. Tras otros ocho largos meses de trabajo, el equipo de Honda incrementó la rigidez del NSX en 50 por ciento. Senna posteriormente ayudó al ajuste final de la suspensión del NSX que le dio su impresionante capacidad de manejo.
Recuerdo mis primeros paseos en un NSX 1991 mientras lanzo el auto entre las curvas de Mullholland Drive. Sigue igual: esa incomparable vista tipo IMAX frente al rostro, una dirección que parece soldada a las manos, el rugido el revolucionado V-6. Ahora los Ferrari son mucho más rápidos —y considera-blemente más civilizados que antes, habiendo sido retados por el superauto japonés—. Pero el NSX aún tiene una pureza sofisticada sin igual. Sigue irradiando ingenio.
Honda dejó de construir el NSX. Llegará uno nuevo en 2008. Será más rápido, con un V-10 —y sin duda estará mejorado—. Pero no será el auto de Ayrton. Mozart sólo sonará en el estéreo.



