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La Jungla De Asfalto: Canciones de BjörkLuchamos contra una tormenta en “la tierra de fuego y hielo”
En algún punto más adelante, probablemente a no más de tres metros, están las luces traseras de un Land Rover LR3 igual al que yo estoy conduciendo. Pero las pierdo de vista de nuevo detrás de una cortina de nieve que sopla violentamente de lado a 145 km/h y, por el momento, estoy tan separado del mundo como el agente de mercadotecnia de Michael Jackson. Repentinamente las luces reaparecen; parece que nuestro convoy se detuvo otra vez. Quizás el LR3 líder cayó en el cráter de un volcán.
Islandia, hogar de glaciares, brazos de mar, playas de arena negra, fuentes geotermales, de la estrella del pop Björk y de uno de los idiomas más impronunciables del mundo (suena como sueco, pero al revés), carga con una reputación injusta. La mayoría de quienes no han estado aquí piensan que es, bueno, helado. Hay partes que lo son, pero gracias a la cálida corriente del Atlántico Norte, por lo general, el clima de invierno de Islandia es más templado que en Nueva York (los 297,000 habitantes del país también son más cálidos). La diferencia radica en que, cuando golpea la tormenta ocasional en Manhattan, el procedimiento de emergencia preferido es decirle al conductor del taxi que se detenga en el hotel Carlyle para tomar una copa de escocés. Pero cuando llega una tormenta a las primordiales tierras altas de Islandia, en donde nos atrapó, uno permanece firmemente pegado a las luces traseras que avanzan adelante de uno, o comienza a seleccionar recetas para una buena cena.
En vez de quedarme en casa y comer tofu junto a la piscina en Los Ángeles, vine a Islandia para unirme al Land Rover Experience, un equipo de guías profesionales que dirigen a conductores de SUV de alto octanaje que buscan aventuras por todo el mundo. Nuestra expedición comenzó bajo un sol benévolo: tres horas por carretera para salir de Reykjavik, después, caminos agrestes en el vasto panorama lunar del país (los astronautas del Apollo que llegaron a la luna se entrenaron aquí), trepamos en colinas cubiertas de nieve, cruzamos infinitos ríos profundos, y finalmente nos detuvimos para pasar la noche en las aisladas cabañas con fuentes termales en Landmannalaugar, la palabra en islandés que significa “los periodistas que olviden su traje de baño nadarán desnudos”. Al menos disfruté de la vista: la aurora boreal en el horizonte, la Vía Láctea brillando en el cielo y estrellas fugaces que atravesaban el vacío sin nubes.
Despertamos en plena tormenta: “Me temo que debemos cancelar todas las actividades planeadas para hoy”, dijo el líder de la expedición, David Sneath, al grupo al amanecer. “Nuestro objetivo ahora es simplemente regresar a la carretera principal”. Las palabras “en una sola pieza” habrían sido redundantes. Eso fue hace nueve horas. Desde entonces hemos salido, ah, probablemente del estacionamiento del Landmannalaugar. La flecha en la pantalla GPS se ha movido, pero principalmente en círculos. Cada vez que uno de nosotros debe salir para quitar el hielo del parabrisas —que se congela cada cinco minutos—, el viento trata de arrancar la puerta. Nos da más miedo aún durante los descansos para ir al baño.
Estamos mejor que Sneath y su equipo, quienes están expuestos a la tormenta, caminando con varas para medir la profundidad de la nieve antes de avanzar 25 metros por vez. Incluso con el mejor SUV del mundo, nos atascamos y nos detenemos una y otra vez para ayudar a los demás. Unas horas después se pone el sol. Pasen el recetario, por favor.
Son casi las 2 a.m., tras18 horas de avanzar lentamente, quitar nieve, rellenar el tanque con los depósitos portátiles y simplemente sentarnos a pensar qué hacer a continuación, llegamos finalmente a la carretera principal —una prueba viva de la capacidad del LR3 y de la tenacidad del equipo de Sneath.
Nuestra cena es sopa caliente. Afortunadamente, es de vegetales.



