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Tecnólogo: La CélulaCumpla con su deber cívico: ¡conduzca con un celular!
¿Podemos estar de acuerdo en que hemos visto y escuchado suficientes reportajes sobre las maldiciones de los celulares? Ya sabemos que causan distracción y son peligrosos. Es igualmente claro que no importa cuánto los regulemos, legislemos o hablemos de ellos, los móviles llegaron para quedarse. Pero resulta que podría haber un motivo para celebrar este aparentemente blando hecho.
Pronto, todos los conductores metropolitanos podrían volverse parte de una enorme red de reportes de tránsito, haciendo posible por fin el obtener información en tiempo real de las condiciones del tránsito en avenidas y vías rápidas enviada a su auto, PC, e incluso a su celular. En este punto, los propietarios del AcuraLinked RL estarán diciendo: “Gran cosa. Ya lo tengo”. Bueno, sí, si es que usted está conduciendo en una de las 20 ciudades de EE UU que han invertido más de US$50,000 por cada 1.6 kilómetros de camino para instalar y mantener cámaras, unidades de radar y sensores en el pavimento para monitorear el flujo de tránsito. ¿Cuándo cree que harán tal inversión en Pocatello, Idaho? También tienen transito ahí, ¿saben?
Tal información de tránsito pronto estará disponible sin ninguna inversión en infraestructura. Cero. Nada. La idea es “minar” información de manera pasiva que ya existe en la maquinaria de los proveedores de servicios celulares. Funciona así: conforme conduce por un camino con el celular encendido, la señal pasa de una torre de células a otra y a otra. Los límites en donde ocurren esos cambios están marcados con gran precisión por los proveedores de telefonía celular. Al monitorear esas fronteras entre torres de celdas que los teléfonos individuales cruzan y cuándo las cruzan se vuelve posible —con mensajes por computadora y mapeo electrónico— determinar la velocidad promedio del tránsito en los caminos más concurridos al conectar dichas fronteras. Dos compañías ya tienen tales sistemas funcionando desde el verano pasado: AirSage Inc., con sede en Atlanta, ya está en línea en Norfolk, Virginia, y British ITIS Holdings plc, le mide el pulso al tránsito de Baltimore.
Para ahora, nuestros lectores defensores de las libertades civiles están al borde de una apoplejía, con visiones orwellianas de multas por exceso de velocidad enviadas por correo al estilo Big Brother y con cargos por usos de casetas de peaje sin siquiera tener que instalar una cámara de emboscada. Su punto es espantosamente válido. La Comisión de Comunicaciones Federales de EE UU hizo técnicamente posible ese robo en las carreteras cuando determinó que, a finales de este año, 95 por ciento de los teléfonos celulares deben poder reportar su ubicación exacta a los números de emergencia (911 en EE UU) o a cualquier otro que pueda persuadir a las compañías telefónicas a proporcionar tal información.
Hasta ahora hay una protección legal insuficiente contra el abuso de este hardware llamado Identificación Automática de Ubicación (ALI, en inglés) por parte del gobierno, investigadores privados o compañías de publicidad. Pero los sistemas de monitoreo pasivo de tránsito en Baltimore, Norfolk y otras partes no plantea una amenaza así. Ello se debe a que no utilizan el hardware ALI, por lo que nunca saben la ubicación exacta o la velocidad de un teléfono individual. En vez de ello, observan los datos de cambios de torres de cientos de teléfonos —todos los cuales permanecen anónimos tras un firewall dentro de las computadoras de telefonía—, y permiten que sus propias computadoras ejecuten programas de probabilidades que determinan qué caminos están siguiendo los teléfonos y a qué velocidad.
Conclusión: si vamos a tener celulares en los autos, me encantaría ver que sirvieran para acelerar mis desplazamientos. Pero entonces, la manera más segura (y quizá la única) de hacer que no lleve mi celular dentro del auto sería que lo utilizaran para enviarme una multa por exceso de velocidad por correo.



