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La Jungla de Asfalto: Calles Crueles
¿Cómo se puede mantener autos tan sorprendentes y comer?

Tengo un conocido (para proteger su anonimato lo llamaré “Homero”) que conduce un Mercedes-Benz SL500 2004. Esto me hace sentir algo más que envidia por Homero. Después de todo, el SL500 bien podría ser el mejor afrodisiaco desde los chocolates con diamantes, o un pase privado para conocer a Lenny Kravitz.

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Pero definitivamente no envidio el precio que Homero debe pagar para navegar en su SL500. Cada mes, para cubrir su mensualidad, el seguro y la gasolina, Homero desembolsa más de US$1,800.

ilustración Troy Mendham

El problema es que Homero no es rico. Vive en un apartamento en Burbank por el que paga US$735 mensuales, y es tan pequeño que la compañía telefónica lo confunde con una de sus cabinas públicas. Viste trajes económicos que contienen una alarmante cantidad de fibras sintéticas. Y cuando sale a cenar, es más probable que llegue a un tugurio de hamburguesas que a codearse con Demi Moore en el Spago.

Claro, usted no podría saber esto si viera a Homero conducir. Allá afuera, es el amo del universo, comandando desde el timón de uno de los mejores autos del mundo. Al preguntarle sobre este desequilibrio en su estilo de vida, Homero se expresa de forma elocuente: “¿Crees que me importa? Vamos, esto es Los Ángeles. O tienes un buen auto aquí, o no eres nadie. Hombre, hay mujeres que me han rogado que las lleve a pasear en este auto”. Aquí hay algo interesante. Como cualquier persona que venga por primera vez a Los Ángeles te diría, las calles están tan llenas de autos increíbles que la reacción natural es preguntar: “¿Cómo tanta gente se volvió tan inmensamente rica?” Pero la extravagancia en cuatro ruedas es en gran parte una ilusión; un ejemplo de la vida como un escenario de Hollywood. En esta bella ciudad las apariencias cuentan, aunque no sucede únicamente aquí. En Nueva York, por ejemplo, es posible elevar el estatus con diversos detalles establecidos: un abrigo de Burberrys o palcos en el Lincoln Center. Pero en Los Ángeles, esa joya engastada en tiras de asfalto, el auto es el rey. Y muchos pagarían lo que fuera necesario para ascender al trono.

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