- Consumidor
La Jungla de Asfalto: El Miedo Mismo
Las buenas noticias no terminan con los costos moderados de la gasolina. También gastamos menos de nuestros ingresos en gasolina que nuestros antepasados. El año pasado, el Wall Street Journal reportó que los precios de la gasolina no sólo eran más altos en 1981 que en 2003 (US$2.36 versus US$1.73), sino que el PIB per cápita nacional real era más bajo (US$24,369 versus US$39,919). Traducción: los precios de la gasolina en 2003 eran sólo el 45 por ciento de lo que representaban en relación al ingreso en 1981.
¿Sigue descontento? ¿Qué tal si los precios permanecieran en un rango razonable? El fallecido economista Julian L. Simon argüía en su libro “The Ultimate Resource 2” (El último recurso 2) sobre la importancia de las tendencias a largo plazo. Escribió que, exceptuando algunos picos, los precios de la gasolina decayeron durante el siglo XX y que esa tendencia podría continuar durante el siglo XXI.
Los fatalistas piensan de otra manera (en 1977, el presidente Jimmy Carter proclamó: “Podríamos acabar con las reservas de petróleo del mundo entero para finales de la próxima década”). Pero ninguno de ellos toma en cuenta un elemento crucial: el ingenio humano. La humanidad desarrolla tecnologías nuevas constantemente (los pozos petroleros en alta mar eran desconocidos en la década de 1920), encuentra nuevas reservas (Rusia descubrió un yacimiento enorme), y mejora los procesos de producción.
A los medios les gustan las malas noticias —ayuda a subir las ventas—, pero me inclino a estar de acuerdo con Franklin D. Roosevelt: “Lo único a lo que debemos temer es al temor mismo”.
Bueno, quizá no sea lo único. Me enteré de que están planeando una nueva versión de “Big Brother”.


